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"UN TRABAJO QUE SALVA VIDAS", ANA MANSERGAS, PERIODISTA

VALENCIA. Su acento le delata. Vicente es valenciano, de Alzira, pero lleva casi seis meses viviendo en Kenya, África. Su profesión le ha traído hasta aquí. Es médico pediatra y forma parte del equipo del hospital de la Fundacion Pablo Horstmann en Lamu. Un hospital que ha cambiado la vida de Lamu y toda su provincia tras años y años de trabajo profesional, responsable y bien identificado. Un trabajo que sacan adelante un equipo de profesionales kenianos y españoles que vienen como voluntarios para aportar sus conocimientos más especializados en pediatría y a la vez aprender todo tipo de patologías tropicales como la malaria o el dengue, aprenden a trabajar la desnutrición, y a defenderse con los medios escasos con los que cuentan.

Doctor Vicente Posadas con un estudiante de medicina

Para un profesional de la medicina es difícil al principio trabajar sin los medios tecnológicos que el sistema sanitario desarrollado ofrece y
con el que han aprendido pero es un reto. Es difícil pero muy gratificante porque ves los resultados directos de tu trabajo en la recuperación de los niños tal y como asegura Vicente. Vicente transmite bondad, dulzura, cariño y nunca pierde su sonrisa a pesar de las difíciles situaciones a las que se enfrenta cada día.

Vicente recuerda ahora cómo le impactó nada más llegar la extrema pobreza que descubrió en el entorno que rodea la casa de acogida de Anidan donde se ubica el hospital; porque no olvidemos que Anidan es una burbuja en medio de un entorno duro, agresivo y muy pobre. Y es que Anidan y la Fundacion Pablo Horstmann han conseguido dignificar y dar calidad de vida a parte de su población que no tenía ninguna esperanza de mejora.

Éstas son las cosas que merecen la pena y que dan sentido a su profesión. Alejado de los dimes y diretes de los hospitales valencianos donde ha trabajado, Vicente está encantado de ver cómo en Lamu se trabaja en equipo, sin tonterías, sin egos, con la única finalidad de concentrar todos los conocimientos y energías de los profesionales en cuidar a los pacientes que son niños, pobres y acostumbrados a vivir, en muchas ocasiones con enfermedades y con dolor durante mucho tiempo. Esto es lo que más le sorprendió a Irene cuando llegó a Lamu, la poca concienciación que tienen los padres sobre la gravedad de las enfermedades de sus hijos, quizá sea por desconocimiento o por falta de recursos pero resisten situaciones de una gravedad total sin ir al médico.

imagen179018gIrene tiene menos acento valenciano que Vicente. Ella es de Elche, lleva poco tiempo en Lamu, menos de un mes, pero lo suficiente para empezar a empaparse de esta realidad tan diferente y tan especial. Irene desprende mucha energía, inquietud, positividad, buen rollo... Es una enfermera sensibilizada con las causas y proyectos sociales desde hace tiempo, de hecho no es la primera vez que trabaja en un país en desarrollo, ya lo hizo en India con la Fundacion Vicente ferrer y en Sierra Leona con la organización". Todos son inocentes"; además en Elche colabora con la Asociación Meclowncho que forma a voluntarios para Payasospital, una asociacion de payasos que acompaña a los enfermos en sus ingresos hospitalarios. Ya tiene algo de experiencia en terreno pero sigue aprendiendo, de hecho nunca había trabajado con desnutrición hasta que llegó a Lamu.

Para ella el intercambio de conocimientos con médicos locales es lo más importante, de hecho asegura que la labor de formación que hacen con los médicos locales es más importante que la labor asistencialista a los pacientes porque al final los conocimientos va a ser lo más útil y el mejor legado que dejen y que se puedan llevar tras su paso por el hospital. Una visión que comparte Pilar, compañera de habitación y de vida de Irene en estos meses en el hospital. Pero no es lo único que comparten, ambas son vegetarianas, enfermeras y con anteriores experiencias en cooperación.

Pilar es de Barcelona, pero no se le nota su acento catalán. Tras estudiar el master en medicina tropical en 2005 viajó con brigadas médicas a Ecuador y Bolivia con la Fundación Venallar. Ahora cuando vuelva de Kenya va a cambiar de trabajo. Pasará de trabajar en el departamento de maternidad del Hospital Vall D' Ebron a una consulta pediátrica de un centro de salud en Barcelona.

imagen179017gEstá encantada del cambio y antes de empezar en su nuevo trabajo no quería dejar pasar la oportunidad de colaborar con la Fundación Pablo Horstmann en Lamu durante unos meses. Desde que vino de vacaciones a Kenya y pasó por el hospital de Anidan supo que algún día volvería a cooperar. Y ese día ha llegado ahora. Hace dos años lo intentó pero su perfil encajaba más con las necesidades de otro centro médico que la Fundación Pablo Horstmann tiene en Etiopia, en Meki, y allí se fue. La experiencia fue diferente porque los contextos también son diferentes. En Lamu se siente feliz y se nota. Con la discreción, su saber estar y la delicadeza que la caracteriza, agradece poder desarrollar bien su trabajo gracias a la buena coordinación y organización del hospital tras muchos años de buen trabajo. Ahora tienen medios básicos pero suficientes y se puede trabajar con crónicos algo que para ella es muy satisfactorio porque se pueden hacer seguimientos a los niños enfermos y se puede trabajar bien hasta el fina para conseguir los resultados que buscan.

Unos resultados que no siempre se consiguen ya que hay casos de extrema gravedad que llegan al hospital sin esperanza de ningún tipo. Casos que pueden terminar en la muerte del niño. Una posibilidad que la tienen interiorizada todos los profesionales del hospital, pues que de hecho no es lo que más les ha impactado en el tiempo que llevan en Lamu. En menos de seis meses han muerto ya 4 niños por temas neurológicos, pero eran casos de niños ya enfermos en una situación muy inestable, no les pilló desprevenidos y quizá por ello no le impactó tanto, forma parte de su trabajo. Además tristemente son situaciones poco excepcionales debido a la falta de asistencia sanitaria durante el embarazo de las mujeres y el parto y ahí se producen muchos sufrimientos que provocan el fallecimiento de los bebés.

En Lamu la mayoría de la gente vive en condiciones lamentables, son pobres. Hasta que comenzó a funcionar el hospital, los pediatras más cercanos estaban a 9 horas de distancia por carreteras imposibles de transitar y sin más medios de transporte que el burro o de los barcos, porque os recuerdo que en la isla de Lamu no hay coches. Además, y como es de suponer, la mayoría de las familias no pueden acceder a la sanidad privada. Con todo este panorama, el resultado de este abandono sanitario es que la mayoría de niños nunca habían tenido la posibilidad de ser atendido por un médico ni por un pediatra hasta que la Fundación Pablo Horstmann comenzó a trabajar.

Sólo unos pocos habían recibido asistencia puntual normalmente por parte de enfermeros, no médicos, pero las enfermedades que necesitaban tratamiento no tenían seguimiento. Ahora los niños que llegan al hospital pueden ser tratados de manera especializada gracias a las unidades de renutrición, VIH , tuberculosos, de enfermedades crónicas y del corazón. Ahora el personal médico del hospital puede salvar vidas. Es la mayor recompensa al trabajo bien hecho y profesional de todos los médicos y enfermeros que pasan por el hospital y que no son pocos.

Los profesionales kenianos en el hospital son fijos y los españoles van y vienen y algunos hasta repiten, pero quién decidió quedarse hace ahora cuatro años es Helena, pediatra y coordinadora del Hospital. Un trabajo necesario, que marca la diferencia, que supone un valor añadido y que garantiza el buen trabajo y los buenos resultados del hospital. Helena no ha perdido para nada su acento andaluz, ella es de Jaen aunque en Granada ha pasado gran parte de su vida.

imagen179027gDesde que Helena vino por primera vez, muchas cosas han pasado por su vida profesional y personal. Nunca imaginó que Lamu cambiaría tanto su vida. Vino por primera vez como voluntaria de la Fundacion. Se cumplía uno de sus sueños, poder trabajar como pediatra para niños sin posibilidad de asistencia sanitaria. Un trabajo que le llenó tanto que decidió quedarse más tiempo en Lamu. Hace dos años se casó con Said con el que ha descubierto la realidad cultural y social que sólo una persona de Lamu te puede enseñar. Said es de Lamu y , según Helena, estar casada con alguien de la comunidad lamunia, llevar mucho tiempo en esta isla y haber aprendido a hablar Swahili le hace sentirse parte de la comunidad.

Se siente totalmente aceptada y facilita su trabajo enormemente porque no olvidemos que existe una gran barrera cultural entre los pacientes y los médicos españoles. Tras años de seriedad en su trabajo, responsabilidad y profesionalidad total, Helena ha roto esa barrera cultural que le permite desarrollar mejor aún su trabajo, y que sus pacientes confíen antes en lo que les dice el médico por encima de lo que les puede contar el curandero o mago de turno, muy frecuente por su falta de información sanitaria.

Para algunos la medicina es cosa de magia , producto de la ignorancia y del aislamiento. Nunca habían tenido un médico que les atendiera y tenían que acudir a las personas y a los medios que su contexto les ofrecía. Afortunadamente eso está cambiando gracias al trabajo del hospital. Por eso Helena destaca el trabajo global que ofrece la Fundacion. Y lo asegura con conocimiento de causa, porque los ojos de Helena han visto mucho. Pero ella no es nada alarmista, sabe estar en su sitio, transmite una seguridad, serenidad y una fuerza digna de admirar. Es fuerte.

Y es que los pediatras que se enfrentan a estas situaciones tienen que ser fuertes. Helena consigue poner distancia para que no le afecte los dramas con los que tiene que convivir, no porque no le duela sino porque lamentablemente ha visto en muchas ocasiones casos de enfermedades avanzadas, aún así la esperanza no la pierde hasta el final. Después de tantos años trabajando en el terreno, ella pone el punto de referencia en situaciones de gravedad con el resto de profesionales.

Pero lo mejor de Helena es su humanidad y su empatía con sus pacientes. Y es que tras los años de profesión a sus espaldas, asegura que al final de todo, enfrentarse a la enfermedad hace que todo el mundo se humanice y se quede al mismo nivel. Cuando uno se enfrenta a una enfermedad, no valen las condiciones económicas, culturales ni políticas. Todo se disuelve. La vulnerabilidad frente a la enfermedad hace que todos seamos iguales y no sirven corazas de ningún tipo. Así es su filosofía en el trabajo y en su vida. Y así es también la filosofía de la Fundación.

Por ello el hospital ofrece asistencia pediátrica gratuita y especializada a todos los niños del distrito de Lamu y distritos de alrededor. Un servicio que le da vida a esta isla, que salva vidas, que ha marcado un antes y un después, que sigue creciendo, que no puede parar, que necesita apoyos. Un servicio que respeto y que admiro desde el primer día que pisé esta isla. Un servicio que me deja sin palabras. Porque hasta que no llegas aquí no te das cuenta de la labor que hacen fundaciones como Pablo Horstmann, por mucho que intentemos trasladarnos a otras realidades y por mucho esfuerzo que yo haga en contarlo... nunca podré reflejarlo tal y como se merece. Hay que vivirlo, para creerlo.

El hospital de la Fundación Pablo Hortsmann en Lamu abrió sus puertas en 2008 cuando una oftalmóloga española, la doctora Ana Sendagorta, que hacia campañas oftalmológicas en Kenya, decidió visitar Lamu. Una vez en Lamu, cuando descubrió la situación de abandono sanitario en que se encontraban los niños , decidió comenzar el hospital bajo el amparo de Anidan como contraparte local. La Fundación es mucho más que el hospital de Lamu porque también trabaja en Meki, Etiopia, con una clínica pediátrica y casa de acogida, y en el norte de Kenya, en Turkana, con una red de escuelas y comedor para niños y donde ahora van a empezar una unidad de renutrición. Toda una labor digna de destacar, admirar y de apoyar.

Ana Mansergas, periodista, Abril 2015

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