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La vida sale al encuentro (por la Dra. Ana Sendagorta)

Nada más cruzar la cerca de Anidan corre hacia nosotras un tropel de niños sonrientes, cariñosos, que se empujan por cogerte la mano, bailoteando alrededor de ti. Reina en la casa de acogida de Anidan la alegría y un orden de vida que te hace sentir enseguida que esos niños están en un pequeño paraíso que les ha permitido olvidar los traumas de sus vidas anteriores. Un lugar donde los casi doscientos hermanos se cuidan y son cuidados. Se percibe el cariño. Un grupo de pequeños está con su profesora, unos pocos están en el aula de recientemente inaugurada, otros juegan al futbol con un coach del Real Madrid que ha ido a formar a los entrenadores y a los niños en valores.

LOW Foto Hospital de Lamu

Cuando nos dirigimos hacia el hospital, a la vuelta de la esquina, sale a mi encuentro Javo. Javo tenía 13 años en 2009 cuando fue diagnosticada en el hospital de una cardiopatía severa que le limitaba enormemente su calidad y su esperanza de vida. Era una niña brillante, una de las mejores estudiantes de su clase. Le trajimos a operarse a Madrid ya que no se le podía operar en Kenia y su cirugía fue un éxito. Desde entonces, hace una vida normal, tan sólo siguiendo controles en nuestro hospital.

Pero durante su estancia en Madrid, no sólo encontró solución a su enfermedad, también conoció a una persona que decidió pagarle los estudios, apostar por ella. 

Javo ahora tiene 21 años. Es muy guapa, sonríe continuamente y cuando nos encontramos, sus ojos ríen también. Me cuenta que ya tiene su certificado de Nutrición tras estudiar un año en Mombassa. Actualmente está en prácticas. Estudiará dos años más para obtener el diploma y luego se unirá, si Dios quiere, al equipo sanitario de nuestro Hospital en Lamu para llevar la Unidad de Renutrición. 

En el hospital las salas de ingreso están llenas de vida, de actividad volcada en evitar la muerte de los pequeños ingresados. Porque los niños ingresados están todos muy graves, todos luchando por aferrarse a la vida, y nuestro equipo sanitario entregado a esa misma lucha. Resulta verdaderamente impactante pensar en qué sería de cada uno de ellos si no estuviera nuestro hospital, si no contaran con los pediatras y enfermeros españoles.

Preguntando por la historia de cada niño, uno comprueba enseguida que aquí se salvan vidas cada semana. Así, por ejemplo, durante mi estancia conocí a Triam. Triam tiene 5 meses y viene desde Witu, en la parte sur continental del condado de Lamu. Ha tenido que coger un autobús una hora hasta Mokowe, luego un barco, luego ha venido andando de Lamu town hasta el hospital, seis largas horas. Llega al final de la jornada, a las cinco y media, con fiebre de varios días de evolución.

Al día siguiente, pese al tratamiento antibiótico, Raquel, enfermera, le detectó una fiebre de 41,2º que no bajaba con antitérmicos ni medidas físicas, con mal estado general, comatoso. El niño comenzó a convulsionar.

LOWFoto Javo 2

El equipo desplegó todas sus posibilidades, se hicieron determinaciones que permitieron saber que el niño tenía HIV+, hiperpotasemia… La madre, muy preocupada, dejaba hacer al equipo observándolo todo. Lloró, paciente, toda la noche sentada en un taburete, a ratos abanicando a su hijo para contribuir ella también a bajar la fiebre. Un médico y dos enfermeros estuvieron pendientes de la niña toda la noche. Al día siguiente Triam había mejorado mucho, la fiebre controlada, una sonrisa en su cara. Y la madre, agradecidísima, aliviada, dijo: “Habéis luchado dándolo todo por la vida de mi hija.” La coordinadora médica Helena, al verla, le preguntó: “Are you happy, mama?” Y ella, sonriendo, le dijo como sorprendida, como si hubiera descubierto algo nuevo: “¡Es que aquí hacéis todo lo posible por cada niño!”

La madre, HIV+, será controlada a partir de ahora junto a Triam en nuestra unidad de HIV. Aunque el viaje desde su pueblo es largo, aquí sabe que está en manos de un equipo al que cada paciente importa, y mucho. Hoy, pasando consulta, se ve a la madre relajada y feliz y a la niña despierta y mirándolo todo, tranquila. Le pregunto a la madre si realmente vendrá desde tan lejos, y me dice que desde casa le cuesta 600 chelines kenianos (algo más de 5 euros) y seis horas, pero que, por supuesto, vendrá.

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 FotoconjuntaTriam2

Riadha, la niña con grandes quemaduras,  es otro de los casos con los que me encuentro en el hospital estos días.  Estaba cuidando a sus dos hermanos pequeños cuando se cayó de espaldas sobre la cocina, un fuego en el suelo de la estancia principal de su chabola. Sólo se salvó la piel protegida por el cinturón que llevaba. El resto de su espalda, trasero y brazos se quemaron. Sus padres le llevaron al Lamu County Hospital, y sin quitarle la ropa siquiera, le entregaron una crema para que se pusiera cada día. A los tres días, ya con fiebre elevada y el vestido pegado a toda la espalda necrótica, la trajeron a nuestro hospital. Nuestro equipo puso tratamiento antibiótico, sueroterapia, analegésicos de inmediato y comenzó a desbridarla con bisturí y bajo sedoanalgesia a diario primero y luego cada dos días. Tras mes y medio de tratamiento, la niña continúa afrontando con ansiedad cada cura, pues son dolorosas, pero gracias a Dios la piel se está ya regenerando y … ¡al menos hoy, rió!

“Una gran quemada, ya infectada, tiene un alto riesgo de deshidratación aguda y de sepsis, con una alta posibilidad de morir”, afirma Helena Navarro, la coordinadora médica del Hospital.

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Alice, tiene 3 años y parece tener tan sólo uno. Es una niña que sufre desnutrición.Le atiende Amini, huérfano. Fue niño de Anidan desde los 14 años y becamos sus estudios para que pudiera cursar el diploma de enfermería tres años en el Kenya Medical Training College de Mombassa. Ahora lleva un año trabajando como enfermero en nuestro centro, y dice que él se siente “como parte del proyecto”.

LOWFoto Alice

A Elisabeth… ¡ le vinieron a danzar los de su tribu! Ingresó con fiebre, dificultad respiratoria y alteración de la conciencia y, poco a poco, va mejorando cada día.

Fotoconjunta4Elisabeth

LOWFoto Farhi

Farhi es una niña 8 años. Su madre murió y ahora le cuida una abuela mayor y una tía que a su vez tiene seis hijos a los que cuidar. Pesa 10kg. Vino desde Hindi hace dos meses con signos de regresión neurológicos (comenzó a andar con dificultad, a no tragar, a casi no hablar). Llevaba desde los 3 años con crisis epilépticas. Primero la llevaron al Lamu County Hospital para ingresarla, pero tras 9 días no mejoraba y nos pidieron que la aceptáramos. 

Llego en coma, muy deteriorada, oliendo mal, con masa abdominal sin defecar en diez días, sucia. Cuidarla con toda la atención que se merece, con dignidad, lavarla, hizo que lentamente fuera tranquilizándose. Se fue de alta con una sonda nasogástrica para alimentarla. Entrevistada la tía, ha contado que tenía 6 hijos, que prefería cuidar a la niña en casa y que la cuidará bien. Dio muchas gracias por el apoyo recibido.

Abdulkadir tiene siete hermanos. Su familia vive en Kashmire, un barrio muy pobre de la isla. Con sus 20 meses de vida ingresó hace un mes con 5 kg (un peso que se corresponde a unos 3 meses) porque su madre le trajo por edema escrotal. Y fue eso lo que le salvó realmente la vida, porque se diagnosticó de una malnutrición severa que había pasado desapercibida a la familia. De tan frecuentes que son, a las familias les cuesta reconocer como enfermedad los estados de desnutrición. Se inició protocolo de renutrición y actualmente el niño está fenomenal. Pesa ya 7,4 kg y cuando pese 8,3 kg será dado de alta.

Cada historia personal refleja las dificultades de la vida en Lamu, cada historia habla del valor que el hospital tiene allí para las familias.

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El Director Médico del County, el Chief Officer del Ministerio de Sanidad y el Superintendente del Lamu County Hospital nos reciben para concretar los acuerdos que regirán nuestra relación este año. Sin ambajes, reconocen que nuestro hospital es el “Pediatric Referral County Hospital”. Y sí, así es, nuestro pequeño hospital es el centro de referencia para toda la patología pediátrica de un condado con 128.000 personas. Un centro…. ¡lleno de vida!

 

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