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PERFIL DE COVADONGA TOME, MEDICO COOPERANTE EN TURKANA

 

Low Foto Covadonga Tome

¿Qué puedes contarnos sobre tu primera experiencia de voluntariado como cooperante internacional con la Fundación Pablo Horstmann en el Hospital Pediátrico de Lamu (Kenia)?

Estuve tres meses y fue una experiencia absolutamente increíble a todos los niveles, personal y profesional. Tuve la inmensa suerte de convivir con mucha gente, tanto con cooperantes españoles e italianos que había en aquel momento, como con gente de Kenia. Además, la pediatría que vi es tan distinta de la que veo aquí en nuestro país que representó un revulsivo para mí y me hizo cambiar incluso la forma de ver las cosas una vez de vuelta a España. A veces, como médicos y como pediatras, le damos importancia a detalles y a cosas que realmente no lo son tanto. Lo que pasa es que estamos tan rodeados de recursos y de posibilidades que, a veces, no los utilizamos adecuadamente. Yo creo que esta es una de las cosas más importantes que he aprendido, no solamente en Lamu, sino en todos los proyectos de cooperacion en los que he participado. Fue una experiencia muy enriquecedora que intento repetir siempre que puedo.

¿Cómo compatibilizas estas misiones como cooperante con tu trabajo habitual en un hospital en Asturias?

Para mí resulta casi más difícil compatibilizar el tema familiar. Además de pediatra, soy madre y tengo dos hijos de 13 y 10 años. A veces lo complicado es explicarles que su mamá se marcha dos meses, aunque la verdad es que tengo unos hijos absolutamente increíbles que, además, están muy metidos en todo esto desde pequeños y entonces yo creo que lo entienden razonablemente bien, aunque, de todas formas, para ellos representa el no tener a mamá durante una temporada más o menos larga. Por otro lado, tengo un marido que se hace cargo de toda la intendencia familiar. Además, viajó a Lamu y se quedó enamorado del proyecto. Él me dice: “tu organiza y ya aquí nos arreglamos como sea”.

¿Y por qué es importante para ti participar en este tipo de misiones?

Esa es una pregunta difícil de contestar. Es importante desde el punto de vista profesional porque creo que tengo una formación y unos conocimientos que puedo aportar. Yo estoy encantada con lo que hago y con mi trabajo en España, pero tengo la impresión de que, en los lugares a los que viajo, que son sitios donde realmente no hay tantos recursos, lo que puedo aportar tiene más valor y más peso específico de lo que aporta aquí.
Como persona, la sensación de pensar que estás ayudando de alguna forma, tú que tienes tantísimas cosas y que no siempre sabes cómo compartirlas o cómo aportar un pequeño grano de arena para mejorar la vida de otro. Para mí es una forma de intentar hacer que el mundo sea un poco más justo, un poco más amable y un sitio más agradable para todos para vivir. Es una idea que es muy utópica, pero es muy satisfactorio si sientes que puedes aportar algún granito de arena.

¿Cuál es la diferencia en el trato con el paciente aquí en España, en la vinculación entre el doctor-paciente y lo que has podido experimentar como cooperante sanitaria?

Yo creo que los españoles estamos instalados en la exigencia y en la inmediatez. Tenemos una sanidad muy buena y muy accesible y, sin embargo, nunca nos parece suficiente. Siempre queremos que todo sea mejor, más rápido y que no haya ningún tipo de resquicio. No admitimos que, a veces, a pesar de tener todos los medios y todos los recursos, el desenlace no siempre es el que nos gustaría. Además, yo creo que se ha perdido el respeto por el trabajo del otro, no solo de los médicos, sino en general. En África no solo no se ha perdido, sino que la gente le da un inmenso valor a cualquier atención que tengas hacia ellos como médico porque realmente no tienen médicos disponibles y le dan un valor enorme. No tienen esa exigencia de inmediatez y de soluciones rápidas e infalibles porque realmente es tan poco lo que tienen que cualquier solución que les aportes es mucho más de lo que tenían previamente. Yo creo que son más agradecidos y más considerados con el trabajo de los demás.

El trabajo de cooperante sanitario requiere para vosotros un esfuerzo que va más allá de ser médico. Requiere un esfuerzo de gestión y de contacto con autoridades locales que muchas veces plantea un desafío, ¿verdad?

Realmente creo que eso es lo más complicado. La parte científica y asistencial la conocemos y, si no, siempre es posible ponerse al día con los protocolos de la OMS o del ministerio del país del que se trate. Eso no supone ninguna dificultad. Sin embargo, el conectar con la población africana, tan distinta a nosotros en tantas cosas, y hacerlo sin dar la impresión de que vas a imponer nada, ni con prejuicios, ni a criticarles por lo que ellos no sepan hacer como tú, creo que es la parte más difícil de todo este tipo de proyectos.
Este tipo de proyectos implica un “reseteo”, pararte un poco para pensar, para intentar no ir al ritmo al que vamos aquí, para saber que hay cosas que aquí solucionamos con dos llamadas de teléfono y que allí son días de trabajo y que muchas veces no tenemos la respuesta que esperamos ni a la primera ni a la segunda, sino a la tercera o a la quinta.

¿Qué es lo más importante que metes en la maleta cuando vas a participar en una misión sanitaria como cooperante?

Me intento llevar paciencia, paciencia y paciencia… toda la que no tengo aquí para algunas cosas. Y también mucha capacidad de llenar esos espacios vacíos que aquí llenarías haciendo cosas concretas y que allí no puedes porque realmente son unos entornos muy distintos en los que, a veces, hay horas muertas que ellos entienden como algo normal porque es su forma de vida pero que, sin embargo, para nosotros es muy distinto de nuestra forma de vida habitual. Entonces intento tener mucho espacio para pensar en cosas en las que aquí no tengo tiempo de pensar. En definitiva, paciencia e ilusión creo que son las dos claves fundamentales.

¿Qué es lo que te ha llevado a participar ya en varias misiones con la Fundación Pablo Horstmann?

Cuando vi que en mi trabajo podía disponer otra vez de tiempo, escribí a Ana Sendagorta para preguntarle si había algún proyecto en el que pudiera encajar. Yo creo que repetí, en primer lugar, porque soy una apasionada del Africa subsahariana y, en segundo, porque me parece que el rigor y la seriedad con la que trabaja la Fundacion, a pesar de ser pequeña, es muy importante para que este tipo de proyectos salga adelante. Además, el entusiasmo y la ilusión de Ana en todas las cosas que pone en marcha, es contagioso. Por otro lado, está el añadido de no tener la sensación de estar trabajando para una ONG que es una oficina o una pequeña empresa, sino algo más… siempre he sentido mucha calidez y mucha humanidad aparte de lo que es el proyecto económico y la infraestructura.

Covadonga Tome ha publicado algunas reflexiones sobre su viaje y estancia en los proyectos de la Fundación Pablo Horstmann en Turkana (Kenia) en el Facebook de la ONG Aztivate, patrocinadora de la Unidad de Renutrición de Lokitaung: https://www.facebook.com/Aztivate 

 

 

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